Container ships anchored outside a congested port at dawn, waiting for a berth.

Récord de congestión portuaria: por qué la carga colombiana llega tarde aunque el atasco esté a un océano de distancia

septiembre 23, 2026

La congestión portuaria volvió a un nivel que no se veía desde la pandemia. Linerlytica cuenta 4,3 millones de TEUS esperando atracar en puertos de todo el mundo, un récord absoluto en volumen que deja atrás los cerca de 4 millones de 2022. Hay un matiz que casi siempre se pierde en los titulares: esa cifra equivale al 12,6% de la flota mundial de portacontenedores, todavía por debajo del 15,7% que llegó a congestionarse en aquel entonces. La foto no calca a la de 2022, y el golpe para quien mueve carga tampoco llega por donde se supone.

Lo que más pesa hoy no aparece en el conteo de contenedores varados. Aparece en el calendario.

IndicadorDatoFuente
TEUS esperando atraque4,3 millones (récord)Linerlytica
Proporción de la flota mundial12,6% (15,7% en 2022)Linerlytica
Fiabilidad de itinerarios (julio)56,4%Sea-Intelligence
Demora promedio por escalamás de 5 díasSea-Intelligence
Tiempos de espera frente a 2019casi el dobleDrewry

Dónde se concentra hoy la congestión portuaria

El foco está en Asia. Shanghái concentra por sí solo más de 1,5 millones de TEUS fondeados, y a su alrededor aparecen Singapur, Busan y Colombo con colas que no ceden; Mumbai muestra la peor relación entre buques en espera y capacidad de muelle. La acumulación viene de una suma de factores que coincidieron casi al mismo tiempo: los tifones que golpearon la costa china, los desvíos que siguen rodeando el cabo de Buena Esperanza para evitar el mar Rojo, y las restricciones de calado en el Canal de Panamá, que recortan los tránsitos diarios y estiran los itinerarios.

La confiabilidad se rompió, y ahí está el costo que no se ve

El dato más incómodo no es cuántos barcos esperan, sino cuánto se corrió el reloj. La fiabilidad de los itinerarios cayó por debajo del 60% (56,4% en julio, según Sea-Intelligence), y la demora promedio por escala ya supera los cinco días. Drewry calcula que los tiempos de espera de los buques prácticamente se duplicaron frente a 2019. La consecuencia práctica es directa: la fecha de llegada que promete el itinerario dejó de servir para programar producción, despachos o ventas. Quien planea contra esa fecha teórica termina planeando contra un dato que ya no se cumple.

Por qué Colombia lo siente amplificado

El país casi nunca recibe servicios directos desde Asia. La carga colombiana viaja conectada, y esa conexión se hace en los mismos hubs que hoy están saturados. Un buque que llega tarde a Shanghái o a Singapur no solo pierde su turno de muelle, también puede perder la conexión con el servicio que traía el contenedor hacia acá, y entonces la carga espera al siguiente barco. Ese salto de días se arrastra por transbordo hasta Cartagena en el Caribe o Buenaventura en el Pacífico, y de ahí a la bodega del importador. El atasco empieza a un océano de distancia y aterriza en la agenda de un cliente en Medellín o en Bogotá.

Quién gana y quién pierde

  • El importador con inventario ajustado es el más expuesto. Cada llegada fuera de ventana le cuesta capital de trabajo inmovilizado en tránsitos largos y le abre el riesgo de quiebre de stock justo cuando menos margen tiene para maniobrar.
  • El exportador de perecederos juega en desventaja doble. El café, las flores y el banano viajan contra reloj, y los roll-overs (embarques que la naviera posterga al siguiente buque por falta de espacio) castigan a la carga sensible más que a ninguna otra. Cuando el cupo escasea, el cargador con volumen estable y contrato firme conserva su lugar en el barco; el ocasional queda de último en la fila.
  • Las navieras, por ahora, sostienen tarifas que sin esta congestión estarían más bajas. Y ganan protagonismo las terminales y las plataformas que ofrecen visibilidad en tiempo real, porque en un mercado donde el itinerario miente, saber dónde está realmente cada buque pasó a valer tanto como el flete.

El trasfondo que el propio sector empieza a admitir

Hay un cambio de tono que conviene registrar. PortXchange, una de las plataformas que monitorea el tráfico portuario, viene señalando que buena parte de este atasco no se explica por el clima ni por la coyuntura política, sino por decisiones que se toman tarde y con poca coordinación entre navieras, puertos, terminales y agentes. La lectura de fondo es que la impredecibilidad dejó de ser una anomalía pasajera y se instaló como una condición del mercado, al menos mientras dure este ciclo.

Para el comercio exterior colombiano, eso reordena las prioridades. El precio del flete es la parte visible y ya tuvo su propio análisis; la parte que hoy define el costo real de importar y exportar es la brecha entre lo que promete el papel y lo que ocurre en el muelle. En Fenix seguimos de cerca el comportamiento de rutas, conexiones y capacidad para anticipar esa brecha en la operación de cada cliente, porque leer a tiempo por dónde se está moviendo la congestión portuaria es lo que permite responder con margen mientras el resto reacciona sobre la marcha.

En Fenix seguimos de cerca rutas, conexiones y capacidad para mover su carga con la menor incertidumbre posible. Cuéntenos su próximo embarque y le armamos una cotización.

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Fuentes

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