Tras seis años sin encuentros cara a cara, los presidentes Donald Trump y Xi Jinping acordaron una tregua comercial que suspende por un año los gravámenes portuarios recíprocos entre ambas potencias. El pacto incluye reducción de aranceles, cooperación antidrogas, compras agrícolas y alivio parcial en restricciones sobre minerales estratégicos. Aunque el acuerdo representa un respiro temporal, no modifica las tensiones estructurales que han venido reconfigurando la logística marítima global. Para Colombia, el impacto sigue siendo relevante.
Gravámenes suspendidos, pero no olvidados
Según el Ministerio de Comercio de China, Washington pausará durante un año los recargos especiales aplicados a buques chinos que arriban a puertos estadounidenses. A su vez, Pekín suspenderá sus contramedidas contra embarcaciones estadounidenses.
Esto detiene —por ahora— la escalada que había generado maniobras logísticas complejas, como el retiro de buques construidos en China de rutas hacia EE. UU., transbordos en puertos neutrales como Busan (Corea del Sur), y cancelaciones de recaladas en puertos chinos por parte de navieras occidentales.


¿Y qué pasa con los fletes y la trazabilidad?
Aunque los gravámenes están suspendidos, los efectos operativos no desaparecen de inmediato. Las navieras ya habían reconfigurado rutas, ajustado flotas y modificado sus sistemas de trazabilidad. Esto ha generado:
- Dificultades en la trazabilidad logística, debido a la incertidumbre en horarios, cambios de buque y prácticas como los blank sailings (cancelación de salidas programadas).
- Incrementos en los fletes, no por tarifas directas, sino por costos acumulativos de transbordos, tiempos extendidos y reorganización de itinerarios.
Para los importadores colombianos, esto sigue representando un riesgo operativo que requiere atención estratégica.
¿Qué deben tener en cuenta los importadores colombianos?
La suspensión de gravámenes es una buena noticia, pero no garantiza estabilidad. Las tensiones estructurales entre EE. UU. y China persisten, y muchas compañías estadounidenses continúan diversificando sus cadenas de producción fuera de Asia.
En este contexto, contar con un exportador que anticipe estos cambios, gestione rutas alternativas y mantenga comunicación proactiva marca una diferencia real. La coyuntura actual exige aliados logísticos que comprendan la dinámica global y puedan adaptarse con agilidad.