Colombia acaba de conocer las cifras de matrículas de camiones de carga del primer semestre de 2026, y vienen con un crecimiento fuerte que casi todos están leyendo como una buena noticia para la logística. Aquí vamos a defender lo contrario, o al menos a matizarlo: el número que llena los titulares importa mucho menos que un detalle que casi nadie está mirando, y ese detalle es el que va a mover su flete el próximo año. Cada vez que salen estas cifras, casi todos las leen igual: el sector se recupera, se compran más vehículos, buenas noticias. Y sí, algo de eso hay. Pero cuando uno vive de mover carga todos los días, el titular importante no es cuántos camiones entraron, sino qué clase de camiones son. Ahí está la conversación que de verdad afecta el bolsillo del importador y del exportador.
Los números que reportaron Fenalco y la Andi para el primer semestre de 2026 son buenos de mirar. A nivel nacional se matricularon 9.641 vehículos de carga nuevos, casi el doble que los 5.082 del año anterior. En Bolívar, el departamento de Cartagena, el registro subió 17,1%, y en junio el salto fue enorme: pasó de 6 a 23 unidades. Como señal de capacidad instalada, es una noticia que se agradece. Más camiones nuevos en la calle significa más músculo para sacar la carga de los puertos hacia el interior y menos riesgo de quedarse sin flota en temporada alta.
El dato que casi nadie mira: 98% diésel
Hasta ahí el aplauso. El dato que a nosotros nos hace levantar la ceja es otro: el 97,7% de esos vehículos nuevos son diésel. Gas natural, apenas 1,7%. Eléctricos, 0,5%. Es decir, el sector se está renovando, pero se está renovando amarrado al mismo combustible de siempre. Y eso tiene una consecuencia directa que conviene decir sin rodeos: comprar más camiones no vuelve el flete más barato ni más estable. Lo deja igual de expuesto al precio del ACPM, o más.
Ese matiz cambia por completo la lectura optimista. En un país donde el precio del diésel viene con presión al alza por cuenta del hueco fiscal del fondo de estabilización, tener una flota nueva pero 98% diésel es blindarse en capacidad y quedar descubierto en costo. La foto de «más camiones» tranquiliza; la letra pequeña dice que el costo de transportar su carga el próximo año se va a decidir en la bomba de gasolina, no en el concesionario.

Lo que esto significa para quien mueve carga
Para quien importa o exporta, la conclusión práctica es que el tamaño de la flota nacional no protege su margen. Lo que lo protege es cómo estructura el contrato de transporte, cómo programa las rutas y cuánto anticipa los ajustes de combustible antes de que lleguen a la tarifa. Celebrar el conteo de unidades es fácil; planear alrededor del diésel es lo que separa una operación que aguanta un alza de una que la sufre.
En Fenix Global Cargo vemos esta noticia menos como un boletín del sector automotor y más como un recordatorio. La pregunta útil no es cuántos camiones se compraron, sino con qué se van a mover. Mientras esa respuesta siga siendo diésel casi en su totalidad, el trabajo serio en logística no está en sumar vehículos: está en manejar el costo que esos vehículos arrastran.